Hace un par de sábados, tuve la oportunidad de visitar
Lunahuaná, este distrito de Cañete que queda a tres horas de la ciudad de Lima.
¿El motivo? Gracias a un viaje de estudios de mi hermano menor, ahí tuve la oportunidad de ver otra área,
despejando el cuerpo y la mente de lo que es la cuidad. Yo como muchos de
ustedes, lo acepten o no, estoy más familiarizada con el rostro efímero de la
vida cotidiana entre avenidas y calles, edificios y casas, es decir, muchos de
nosotros, solo vivimos el horario acelerado que consiste en ir de un lugar a
otro para realizar nuestras actividades cotidianas y no nos damos la oportunidad
siquiera de darnos una escapadita de vez en cuando. Pero volvamos al punto; hablar
de Lunahuaná, es hablar de canotaje, de paseos en cuatrimotos, es hablar de sol constante, es hablar de
comida típica y es hablar de cultura, pero aunque sepas todo lo nombrado, no es
suficiente si no has tenido la oportunidad de experimentarlo.
Y vayamos por partes, para empezar Lunahuaná se encuentra
solo a unas 3 horas de la ciudad y sí, puede que sea cansado permanecer sentado
por 3 horas en tu carro, recibiendo los golpes que indican que hay ausencia de
asfalto ahí, pero llegar lo vale todo, pero también implica estar bien
preparado, y a que me refiero con eso, hablo sobre que en un espacio bien
vegetado existen también la compañía de mosquitos, y si, Lunahuaná no se salva
de ellos, es parte y si quieres pasarla bien, solo es cuestión de ir con todas
las cosas necesarias y no existirán problemas.
Regresemos al menú, déjame advertirte que el menú
te va a sorprender de la mejor forma, en esa ocasión el servicio de restaurante
que mi familia escogió, claro, en compañía de otros compañeros que también
viajaron, nos apantalló con un menú de tres tiempos, los escasos que no se
atrevieron a desafiar aquel manjar debido a sus usos y costumbres tuvieron eso
si una alternativa de cuidad que también lucía suculenta para los amantes de la
comida. Al final del banquete nos premiaron con unos dulces típicos del lugar,
pero lamentablemente en ese momento tuvimos que guardar aquellos obsequios
debido a que ya nos encontrábamos suficientemente satisfechos con lo que había
sido nuestro almuerzo.
Me gustaría encontrar una excusa para decirles que
Lunahuaná no vale la pena, pero realmente no la encuentro; único y
muy divertido si lo planeas bien, quizá si me quedaba más días, podría hablarte
acerca de sus servicios de hospedaje, pero lamentablemente no fue así, pero aun
así, todo lo que pude rescatar en un día me da la imagen de que un fin de
semana en el lugar será vivir experiencias nuevas. Y eso es todo lo que quería compartir hoy con ustedes, quizá haya animado a más de uno a darse una vuelta por aquellos lares y en fin. Volveré, mil saludos y ¡Nos estamos leyendo pronto!